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8 de diciembre de 2014

El triunfador (III)

Blackboard at the Laurent Schwartz Center for Mathematics, École Polytechnique
Collections École Polytechnique / Jérémy Barande

La clase está terminando. El docente, preocupado por cumplir con el programa, ve que le quedan unos minutos y empieza a plantear un nuevo tema. Pero Ramiro le pregunta: “¿Y para qué quiero saber yo lo que es un logaritmo si voy a ser abogado?”. Sus compañeros de clase ríen, o acompañan la protesta; solo unos pocos lo miran con recelo o indignación. “Para no ser un burro, Ramiro”, le responde el profesor, un matemático joven recién salido de la facultad. Después de unos segundos de introspección, de duda, de darle vueltas a los conflictos que pueblan su mente desde que decidió dedicarse a los números, a las abstracciones, a las fórmulas y a la docencia, el profesor se envalentona y añade: “Para ser sabio, para ser mejor en la vida, para entender cómo llegamos a comprender la estructura del Universo”.
“Para nada, o sea”, rebate Ramiro, saboreando la fama del transgresor, las risas y los aplausos. El profesor resopla, suspira, evalúa si merece la pena seguir discutiendo, si represaliar a los díscolos con una prueba sorpresa, si dejar correr los minutos o si ignorar el asunto y continuar explicando los logaritmos. Y está en esas, cuando Ramiro aprovecha su buena racha de popularidad y lanza una batería de comentarios hirientes: “Yo lo que necesito es saber de leyes, para ganar mucha guita como abogado, tener mi casita, mi quintita de fin de semana, mi BMW, mi esposa florero, mi amante y mis vacaciones en alguna paradisíaca isla del Caribe. Y cuando necesite saber qué carajo es un logaritmo, le pago a tipos como vos y listo”, se ufana. A no todos los alumnos les hace gracia el comentario, pero puestos a elegir entre uno de ellos y el profesor, las simpatías suelen ir hacia el primero.
“Muy bien, Ramiro”, se serena el profesor, aunque por dentro siente la acidez del estómago subiéndole hasta la garganta. “Pero mientras vos presentás un recurso de casación contra el plan de estudios del colegio, este cuatrimestre vas a tener que convencerme de que entendiste qué es un logaritmo y cómo se calcula”. “¿Me estás amenazando?”, ataca Ramiro. “No, Ramiro. Te estoy ayudando”, concluye el profesor, cuando suena el timbre y se siente como un boxeador al que salva la campana.
Ramiro acabaría llevándose previa Matemática de cuarto, y solo la aprobaría al volver del viaje de egresados, después de suplicarle al nuevo profesor que le ponga un cuatro para poder inscribirse en la Universidad.
El docente joven desapareció después de bocharlo por tercera vez en julio: algunos dicen que se fue a trabajar en una aseguradora de Zurich por un sueldo fantástico; otros creen que lo mataron unos pibes chorros cuando iba a dar clases en una villa.

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