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8 de marzo de 2012

Terapias sustitutivas de intensidad variable


–Hola, vengo a sacarme una idea de al cabeza.
–¿De qué idea se trata? ¿Una idea fija, una obsesión…?
–Más bien es como un sueño recurrente. Pero también lo tengo despierto.
–Ah, ya veo. Una especie de anhelo subliminal.
–Sí, supongo…
–¿Ha tomado ya alguna medida, ha intentado sacársela por sus propios medios?
–A decir verdad, sí. Me fui este fin de semana a visitar a unos parientes. A veces funciona, ¿vio? Ellos viven en las afueras y no nos vemos seguido, así que nos ponemos a charlar de nuestras cosas, a recordar viejos tiempos, y así se me va la cabeza en otros pensamientos.
–Claro, claro. Pero me imagino que esta vez no funcionó.
–Lamentablemente, no.
–¿Y un viaje más largo? ¿Unas vacaciones?
–Mh… Creo que eso lo empeora. Ya me pasó una vez: con tanto tiempo libre, haciendo nada, la idea crece en lugar de desaparecer.
–Es cierto, tiene razón. Entonces habrá que probar alguna terapia de choque.
–Eso me temía. ¿Qué me sugiere?
–¿Qué tan grave es el asunto? ¿Tiene visos de convertirse en algo peor, como ludopatía, aracnofobia, o alguna forma de psicosis?
–Creo que no es para tanto.
–Bien, entonces puedo recomendarle terapias sustitutivas de intensidad variable.
–¿Y eso qué es?
–Le damos unos cuantos problemas para que usted piense en otra cosa y se olvide de su sueño.
–Ah, interesante. ¿Y cómo son?
–Ahora está saliendo mucho el desempleo de larga duración. Pero algunos especialistas creen que no es lo más adecuado, porque reemplaza una idea recurrente por otra, en este caso la obsesión por encontrar trabajo.
–No, claro. Además, yo no estoy como para perder mi empleo.
–Bueno, de todos modos le digo que depende mucho del caso: hemos visto obsesiones que nos han obligado a adoptar una solución combinada de desempleo crónico, desahucio y divorcio.
–No me diga. ¿Entonces tienen también problemas familiares?
–Por supuesto: desde disputas de pareja, pasando por malas notas de los hijos, hasta infidelidades, consumo de drogas… Un abanico muy amplio.
–No estaría mal, pero vivo solo.
–No se preocupe, también tenemos incidentes domésticos.
–¿Y eso qué es?
–Un caño roto, fugas de gas, rotura de electrodomésticos, humedad en las paredes, plagas… Y ahora vamos a inaugurar nuestra nueva línea de vecinos molestos.
–Eso podría funcionar.
–¿Le pongo un incidente doméstico, entonces?
–Uno o dos. ¿Qué me recomienda?
–Eso depende un poco de cuán persistente sea la idea. De todos modos, yo le recomendaría que mezcle un incidente doméstico con algún problema de trabajo, así se asegura de que va a tener todo el día la mente ocupada con otros asuntos.
–Es verdad, no lo había pensado. ¿Qué problemas me puede ofrecer?
–Tenemos el famoso encargo urgente, que se pide mucho porque es de acción rápida; pero tiene la contra de que el efecto también suele ser pasajero: una vez resuelta la emergencia, los síntomas pueden reaparecer.
–No, no, necesito algo más a largo plazo.
–Entonces puedo proponerle un conflicto laboral, con compañeros o con jefes; un proyecto importante, de larga duración, que requiera horas extras, reuniones fuera de la ciudad y un plus de presión añadida; o una reestructuración de la empresa, con amenaza de despido y competencia salvaje entre trabajadores para no perder su puesto.
–Creo que el proyecto va a estar bien.
–Perfecto, entonces: un incidente doméstico… ¿Qué prefiere, electrodoméstico o estructural?
–Eh… Electrodoméstico. Así paseo un poco buscando uno nuevo.
–Muy bien. Y un problema de trabajo, proyecto especial de larga duración. Tome, este es su recibo; pase por caja que ahora le cobran.
–Muchas gracias.
–Consérvelo, que lo necesita para la garantía. Si dentro de un par de meses no consiguió sacarse la idea de la cabeza, le podemos ofrecer gratis otras soluciones de nuestro paquete.
–Perfecto. Gracias de nuevo.
–A usted.

1 comentario:

Guillermo Sánchez dijo...

Interesante, realmente interesante, porque más o menos así se manejan los engranajes del diario vivir de algún pobre diablo.
Saludos, caballero :)