“La explicación más simple y suficiente es la más probable, mas no necesariamente la verdadera”
Principio de Ockham
En un lujoso hotel de algún punto de Europa, un escogido grupo de políticos, militares, empresarios y académicos de todo el mundo se reúne a puertas cerradas. Rodeado de policía, agentes secretos, guardaespaldas, mercenarios y otras medidas de seguridad, el selecto club (al que sólo se accede por invitación) mantiene el objeto y el contenido de sus conversaciones en el más absoluto secreto. Manifestantes antisistema se reúnen en las inmediaciones del sitio para expresar su descontento hacia ese oscuro contubernio que, según rumorean, es el que mueve en realidad los hilos del mundo.Principio de Ockham
Dentro del hotel, un joven empresario, propietario de una próspera empresa de Internet, asiste por primera vez a la cita. No conoce ni a un quinto de las personas que están ahí dentro, así que se dedica a observar por un momento qué es lo que hacen los demás. Ve a un puñado de individuos jugando a las cartas, otros que siguen apasionadamente una partida de ajedrez, algunos discutiendo sobre quién es el mejor jugador de fútbol del mundo, cinco señoras comentando detalles de sus vestidos, un grupo mixto compartiendo anécdotas de sus últimas vacaciones en Davos, algunos señores despatarrados en los sillones mientras leen el periódico, otros bebiendo un buen escocés en la barra, uno fumando solitario en un rincón, y un grupúsculo de adictos al trabajo conectados a la oficina a través de sus portátiles.
