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18 de diciembre de 2011

La cena


A Luis J. Tejedor

La invitación, sin destinatario definido, llegó al mostrador de recepción de la compañía. La Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas de San Cayetano invitaba a unos “estimados señores” a asistir a la cena anual que se celebraría en días próximos. Rogaba confirmar la asistencia y deseaba felices fiestas.
La carta fue remitida inmediatamente al director gerente, quien la abrió, suspiró cansado y llamó a su asistente: “¿Te interesa ir a una cena? Tomá, toda tuya”, le dijo sin dar tiempo a responder y le entregó el sobre. El asistente, primero agradecido, leyó luego el contenido y cambió el gesto. Pensó algo parecido a lo siguiente:
Uh, no, esto es un embole. Un montón de jefazos ignotos, o de empresarios de cuarta, mesas con gente desconocida, charlas intrascendentes, algún que otro discurso aburrido… Yo paso, que vaya otro.

El asistente caminó por el pasillo hasta la máquina de café, donde se encontró con la jefa de Administración.
–Hola, ¿cómo va? –le dijo.
–Como siempre… –respondió la otra, como resignada a una vida triste.
–No, como siempre no. Te traigo un regalito –dijo el asistente, que vio su oportunidad.
–¿Qué es? –se ilusionó la de Administración.
–Una invitación a una cena. Me dijo el gerente que fuera yo, pero justo ese día tengo un compromiso familiar y… bueno, lamentablemente no puedo ir. Así que pensé: ¿quién mejor para representar a la empresa que la jefa de Administración, eh?
–Ah, eso… –la decepción en la cara de la mujer era notoria.
–Bueno, en fin, ahí te la dejo. Que lo pases bien.
El asistente se fue apresuradamente sin sacar siquiera un café.