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7 de abril de 2011

Los siete pecados (de viajar en el transporte público de las grandes) capitales - 5/7

Soberbia I
“Lo mejor que hizo la vieja, es el pibe que maneja.”

Soberbia II
    No piden porque lo necesiten. Tampoco piden porque los obligue algún vividor. Ni siquiera piden para no trabajar. Piden porque se han autoinstituido como subjetividades mendicantes, una forma de ser-en-el-mundo de naturaleza simbólico/simbiótica que los provoca a vivir en los márgenes de la generosidad, apropiándose del espacio público para escenificar (mediante la reasignación del capital destinado para el ocio material a una causa también material, pero menos superflua) la vigencia de las estructuras y los valores humanos, reflejo de las significaciones imaginarias sociales que conforman nuestra sociedad. Cumplen así una función de sentido, toda vez que descompartimentalizan la división de clases y, al mismo tiempo, restituyen la percepción de la dádiva, la limosna, el favor y la condescendencia, pero también del altruismo, la entrega, la donación y la virtud.