Tres tipos en un desierto. Caminan sin agua ni
rumbo preciso.
–Veamos el lado positivo –dice uno–. Al menos
estamos acompañados.
–Para que eso sea positivo, uno de nosotros
tendría que ser un vampiro y estar dispuesto a beberse la sangre de los otros
dos –refunfuña el segundo.
–No exageres –corrige el tercero–. Es mejor
afrontar un trance como este en compañía. La soledad te puede volver loco.
–A mí me va a volver loco la sed –masculla el
segundo.
–Y a mí me van a volver loco tus quejas –se ofende
el primero.
–Al final me voy a arrepentir de lo que acabo de
decir –se arrepiente el tercero.
–Ya lo dice el refrán: mejor solo que mal
acompañado –desafía el segundo.
–Vos querés quedarte solo con la cantimplora
–argumenta el primero.
–Si al menos tuviera agua… –suspira el segundo.
–No discutan, por favor. Esto no nos lleva a
ningún lado –media el tercero.
–Nada lleva a ningún lado. Estamos en el medio de
un desierto –se deprime el primero.
–Tratemos de pensar en cosas agradables –propone
el tercero.
