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30 de junio de 2011

Consejos al consumidor (IV)

    Hace un tiempo compré una cosa por internet: si no hubiera sido porque la vi en internet, no la habría comprado.
    Yo esperaba que me la enviasen por e-mail, como es lógico, pero la mandaron por mensajería postal. Así descubrí que las viejas y nuevas tecnologías de la comunicación son parte de un todo. Como esas mafias que están en todos los negocios. De hecho, llamaron por teléfono para corroborar la entrega.
    Pero ahí no acabó la cosa: decidí seguir la pista del paquete y llegué a una casa. Toqué timbre y me atendió una persona de carne y hueso, quien me explicó que él era el vendedor. O sea: un ser humano y no una página web, como se me había hecho creer.
    Ante tamaño fraude, intenté desinstalar al sujeto. Pero el hombre se resistió. (Eché de menos la pistola de plasma del Doom.)
    Estuvimos peleando cerca de una hora, hasta que conseguí ahorcarlo con un cable USB. La policía me detuvo queriendo borrar el historial y ahora cumplo perpetua en una cárcel común, rodeado de analfabetos digitales y sin acceso a la red.
    Mi conclusión: comprar por internet es contraproducente.

Razón de eficiencia

    Teniendo en cuenta que ocho de cada diez clientes estaba satisfecho, que siete de cada veinte personas no era cliente, y sumando que cuatro de cada cinco no-clientes querrían serlo y que ocho de cada doce de los restantes estaba insatisfecho (de los cuales tres de cada cuatro estaba muy insatisfecho), el nuevo director de Marketing y Ventas pensó que su trabajo iba a ser muy fácil, que el producto se vendía solo y que podían ahorrar mucho dinero en publicidad y personal.
    Lo primero que hizo fue despedir al que confeccionaba las estadísticas.

22 de octubre de 2010

Consejos al consumidor (III)

    Normalmente los compramos llenos de ilusión y esperanza. Nos parecen útiles, modernos, fiables e incluso agradables a la vista. Llegamos a creer que son la solución a todos nuestros problemas.
    Pero una vez que los metemos en casa comienzan a aflorar todos los vicios ocultos. Al segundo día fallan y nos decepcionan. A partir de entonces nos dan más problemas de los que resuelven, mientras su mantenimiento nos cuesta cada vez mayores cantidades de dinero.
    Y eso no es todo. Pareciera como si se adueñaran de nuestra vida y nos hicieran creer que nada es posible sin ellos. Sin que sepamos cómo, nuestros destinos están en sus manos.
    Por eso desaconsejamos categóricamente la adquisición tanto de ordenadores como de políticos.

12 de septiembre de 2010

Consejos al consumidor (II)

Antes de comprar cualquier cosa, asegúrese de que no le vendan alguna cosa.
Los vendedores son muy porfiados y suelen perseverar en lo suyo: “¿Desea alguna cosa?”, acostumbran decir. Pero uno debe mantenerse firme y reafirmarse en sus convicciones: “Tráigame cualquier cosa.”
Los mercaderes siempre quieren estafarnos. Algunos son muy torpes y, cuando pedimos cualquier cosa, intentan enchufarnos cualquier porquería. Suele ser fácil detectar este engaño. En cambio, resulta muy complicado distinguir si lo que nos están trayendo es alguna cosa o cualquier cosa.
Mi consejo: no compre cualquier cosa.

8 de septiembre de 2010

Consejos al consumidor (I)

El otro día compré unas sábanas en una de esas ventas por catálogo. Eran simpáticas, coloridas, y tenían unos caracteres chinos (o japoneses) estampados por todas partes.
El día que las estrené, me acosté plácidamente. Y me desperté en el infierno.
De modo que, si está a punto de comprar ropa de cama, asegúrese de que no tenga impreso ningún maleficio oriental.