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25 de julio de 2012

Irrealpolitik (Ellos III)


Nosotros nunca vamos a emplear los cargos públicos para enriquecernos personalmente. Porque el Pueblo así nos lo pide. Porque es nuestro deber como responsables de la política. Y porque me lo dijo un Enano de Jardín.

¡No, mentira! ¡Ja, ja, ja! ¿No te lo habrás creído, no? Eso de que no nos vamos a enriquecer, digo. Mirá si no vamos a aprovechar la oportunidad, que es para lo que estamos acá, al fin y al cabo. Pero lo del Enano de Jardín es cierto. Sí, sí, muy cierto.
Iba yo hace unos años tan tranquilo por la calle, en un barrio común y corriente adonde me habían llevado no sé qué compromisos absurdos, cuando pasé delante de una casa con jardín al frente. Sentí que alguien me chistaba. Al principio, para qué negarlo, imaginé que un nuevo sobre se acercaba hacia mi hospitalario bolsillo interior del abrigo; porque, debo aclarar, cuando me llaman por la calle de manera tan discreta, solo puede significar una cosa. Si no es para asuntos de sobornos, la gente me llama de otras maneras. Veamos unos ejemplos:
‒¡Rodolfo querido! ‒me gritan los que quieren favores.
‒¡Señor Fulano! ‒se asombran falsamente los alcahuetes.
‒Diputado Fulano… ‒reverencian los timoratos.
‒¡Fulano y la concha de tu madre, hijo de remil puta! ‒describe un votante descontento.

De modo que el “chist” suave y reservado indica por lo habitual un negocio turbio, una trapisonda en la sombra, coimas, vueltos, esas cosas.
Pero no. Me giré a uno y otro lado, y no vi a nadie. Entonces chistó de nuevo: presté atención y ahí lo vi, con las dos manitos agarradas a la reja de entrada.
‒¡Eh, vos! ‒susurró el Enano.
‒¿Yo? ‒dije con cara de pelotudo.
‒Sí, vos. Venía acá.

22 de septiembre de 2010

Americanos


Preparen, apunten..., originalmente cargada por My Buffo.


En su travesía por las Américas, el viajero de origen morisco Carlos Méndez (seudónimo de Khaled Mandeb) conoció a los distintos pueblos que habitaban las tierras del Nuevo Mundo. En su obra de 1720 titulada El largo atardecer y amanecer y atardecer y amanecer y así sucesivamente del caminante, cuenta que comenzó su derrotero en las costas de Nueva Inglaterra y que descendió hacia el sur hasta la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre.
A su paso, Médez-Mandeb se encontró con asentamientos de hombres a los que describió como “pueblos incivilizados que se comportan de manera fanática según los preceptos de una deidad caprichosa que habla a través de sus sacerdotes, cegados por creencias absurdas en la brujería y las maldiciones.” Un poco más adelante, el viajero se topó con la existencia de “salvajes poco dispuestos al trabajo y más propensos a la guerra, sedientos de sangre y obnubilados por sus ídolos de oro, sus abalorios de plata y sus piedras preciosas.”
Anota, también, que además de todo aquello vio muchos nativos americanos.

24 de febrero de 2010

El fin de la Historia


Urbi et orbi, originalmente cargada por Julikeishon.
“Todo comienzo y todo final supone siempre una exclusión. Todo corte en la delicada línea del tiempo es siempre un acto violento de arbitrariedad del cual solemos arrepentirnos, juzgando necesario un corte más abarcador. Al final de cuentas, volvemos al límite inicial para no abrazar toda la Historia...”
Tabb Capslocke en Historia del Universo