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24 de mayo de 2014

Literatura infantil

Tengo un amigo invisible.
Mi amigo invisible juega conmigo.
Cuando juego con otros niños, mi amigo invisible ayuda a esconderme.
Mi amigo invisible hace las tareas conmigo. Mi amigo invisible vive en la calculadora que hace las cuentas y es la voz que lee mis libros de texto.

Cuando me siento sola, mi amigo invisible me hace compañía.
Y cuando estoy con mucha gente pero no me hacen caso, mi amigo invisible charla conmigo.

Mi amigo invisible es muy divertido.
Mi amigo invisible es mi mejor amigo.

Mi amigo invisible me visita también de noche.
Cuando las luces se apagan y todos duermen, mi amigo invisible me susurra al oído: “Mátalos a todos”.

¡Qué gracioso, mi amigo invisible! Sabe que no puedo levantarme porque duermo atada con correas.

18 de mayo de 2013

Historia de un dibujo

La Narigona, originalmente cargada por Julikeishon -dibujos-.

Todo empezó cuando un día, cansado y distraído, miraba el suelo con la mente en blanco. Al principio solo vi esto:


Pero, mirando con más atención las marcas en el piso, empezaron a aparecer algunas líneas:



Se me apareció, de golpe, un rostro de mujer. Pero como de esas mujeres que aparecían en los anuncios publicitarios de los años '20. Así que desde ahí, desde esa imagen mental sobre unas líneas inocentes, nació un boceto:


Y del boceto, el dibujo:


El resultado final, Fotochot mediante, es lo que abre esta historia. No es gran cosa, pero está bueno esto de compartir las imágenes que brotan de las formas azarosas.

24 de diciembre de 2011

Finales felices


Papel quemado, originalmente cargada por Julikeishon -dibujos-.


Cuando uno es un niño, le gustan los finales felices. Es muy simple: uno aprende que los buenos siempre ganan, que merecen ganar, que es justo que ganen, que las cosas bien hechas tienen su premio. Al menos eso funciona al principio. A medida que uno crece, ocurren dos cosas a la vez:
  1. se va dando cuenta de que, en la realidad, los buenos no siempre ganan;
  2. empieza a descubrir que no todos los malos son tan malos, y que algunos son más simpáticos, inteligentes y trabajadores que muchos buenos.
   Así las cosas, aprende a disfrutar con las pequeñas victorias de los malvados, o con los primeros finales trágicos (o tan solo abiertos) que descubre en su corta vida.
   Pasados algunos años más, uno se hace adicto a los finales infelices; paralelamente, aborrece los otros, las películas melosas donde todo sale bien, donde las escenas finales ponen a cada uno en su (supuesto) lugar, y donde lo predecible se torna nauseabundo. Uno quiere disfrutar con el esfuerzo vano, con la aventura que acaba en fracaso, con la superación personal que vuelca en suicidio, con el caos y la miseria reinando por sobre las buenas intenciones.
   Con unas cuantas primaveras a cuestas, la cosa cambia ligeramente: ni tanto ni tan poco. Para amarga ya está la vida, piensa uno, así que para qué amargarse aún más. Eso sí, no es cuestión de engañarse infantilmente con historias maniqueas e inverosímiles. Así que uno acaba decantándose por las medias tintas, por los triunfos con sabor a derrota, los empates sobre la hora o las derrotas con las que, al menos, se puede aprender algo para el futuro. Uno empieza a moverse por la zona de los grises, flotando en un subibaja de emociones destinado a quedarse, a largo plazo, en el centro.
   Pero cuando uno llega a cierta edad está harto de grises. Se da cuenta de que aquello es como vivir todo el día bajo un cielo nublado, y que ya es hora de que salga el sol. Además, uno está aburrido de que nada salga nunca bien, ni dentro ni fuera de libros y pantallas; está cansado de que las cosas no son nunca como debieran ser, como a uno le gustaría que fueran. De modo que acaba buscando refugio, nuevamente, en los finales felices: uno se sienta en un sofá, en una silla, bajo un árbol o debajo de un puente, pone la televisión o agarra cualquier edición de bolsillo, y se traga una historia donde lo que uno desearía que ocurriese para uno, ocurre allí para otros. Y quizás sonría o se le escape una lágrima de alegría antes de irse a dormir. Consigue así, al menos hasta el despertar de la mañana siguiente, un final feliz.

11 de junio de 2011

Comunicación social


Últimamente, las personas tienden a comportarse como zombis. Vagan sin rumbo y no piensan en lo que están por hacer: se dejan llevar o responden a estímulos azarosos, a impulsos irreflexivos.
Para lo único que quieren el cerebro es para comérselo.
Deambulan por la vida sin ton ni son y, en cuanto ven a alguien distinto, a alguien realmente vivo, lo atacan hasta convertirlo en uno de los suyos.
Me gustaría decir que hay una solución. Que se puede intentar despertar a las personas de su letargo. Que quizás la palabra adecuada en el momento justo actúe como una fórmula mágica para romper el encantamiento.
Pero no. La experiencia me dice que ya es demasiado tarde. Sea un virus, un agente químico o una maldición vudú, no hay vuelta atrás. No hay nada que yo pueda decir para salvarme.
Mientras los espero, acopio toda el agua embotellada que encuentro y reúno todos los cartuchos de perdigones que puedo. Sé que los zombis solo comprenden un lenguaje: el que sale de la boca de una escopeta recortada.

19 de octubre de 2010

Chistonto (x II)

(Son pruebas, no se asusten. Con ustedes: el Espantapájaros enamorado.)

12 de octubre de 2010

Chistonto (I)

Aunque no lleve firma (porque lo monté en Fotochot e Indisáin y me se olvidó incluirla), lo hice yo solito...

4 de septiembre de 2010

Postre

(Para Illustration Friday, "Dessert")

Su (ex) novio regresó después de la traición. Le dijo:
–Perdoname. Estaba confundido. La otra me engañó. En realidad yo siempre te quise a vos.
Pero ella ya tenía clara la respuesta. Aquel mismo día, cuando él cruzaba la puerta sin decir adiós, vaticinó un “ya vas a volver” cargado de odio y rencor. Le dijo:
–Ahora es tarde. Yo no soy el segundo plato de nadie.
Lo que ella no podía imaginar entonces es que acabaría siendo el postre.


(Haga click en la imagen para zoom)

2 de agosto de 2010

Naturalmente

(Para Illustration Friday, "Artificial")
Está en la naturaleza humana ser cada vez más artificial.
(Haga click en la imagen para zoom)

1 de agosto de 2010

La larga y oscura sombra del personaje


Perspectiva, originalmente cargada por Julikeishon -dibujos-.
–Hay un personaje que aparece al principio de la novela, que es sin duda uno de los mejores que he leído en mi vida.
–¿Por?
–Era un tipo así, como de mediana edad, de estos que los ves y no sabés cuántos años darle. Muy demacrado para ser joven, pero muy en forma para ser viejo, ¿entendés? Un tipo que vivió mucho en poco tiempo, con la piel ajada y cicatrices por todo el cuerpo, algunas canas en la sien, entre el pelo renegrido, y un lunar en la mejilla izquierda que, si lo miraba reflejado en un espejo, lo hacía ver el futuro.

23 de julio de 2010

Espejito, espejito...

(Para Illustration Friday, "Double")
A veces sólo vemos lo que queremos ver.
(Haga click en la imagen para zoom)

19 de julio de 2010

Breakfast at Tommy's

(Para Illustration Friday, "Breakfast")
A Tommy no le gustaba desayunar solo...
(Haga click en la imagen para zoom)

26 de junio de 2010

Yo no fui

(Para Illustration Friday, "Satellite")
Dicen que soy un asesino. Un violador. Un psicópata.
Dicen que soy una bestia salvaje, un monstruo, una aberración.
Dicen que soy responsable de la muerte, la mutilación y el dolor ajenos.
Dicen que hay una bala de plata esperando por mí.
Pero yo no fui. No es mi culpa.
Yo no decidí ser el séptimo hijo varón. Yo no decidí que la luna llena aparezca cada 29 días, 12 horas, 43 minutos y 12 segundos.
La culpa es de quienes crean y difunden supersticiones.
Por crearme a mí.

31 de mayo de 2010

Fragmento tajante

(Para Illustration Friday, "Slither". Idea de Natalia E. Cerletti)

(...)
A partir de entonces fui un hombre muy buscado (el que más). Cuando conseguían cercarme, me abría paso a fuerza de cuchillos, navajas, cortaplumas, picahielos, abrecartas, katanas, sables, serruchos, sierras, limas, tijeras, trinchetas y demás elementos cortantes. Segaba, trinchaba, serraba, rompía, partía, cortaba, desmenuzaba, destripaba, degollaba, descosía... Adquirí modales letales, movimientos certeros, temerarios. Aprendí a estudiar los escenarios, a elegir ubicaciones, a esperar, a sorprender, a pensar en todas las posibilidades, a matar como quien se viste, o come, o anda en bicicleta.
(...)

19 de mayo de 2010

Esto no tiene sentido

Hay quien dice que la escritura es una forma de comunicación imperfecta, que induce a errores y puede perpetuar equívocos. La ambigüedad y el doble sentido acechan en cada palabra, especialmente en el fenómeno de la deixis, por lo que cabe preguntarse:
¿Tiene sentido editar una publicación pequeña compuesta por un puñado de relatos breves y juegos de palabras que parecen no tener sentido, acompañados por ilustraciones que no ilustran nada?
También podemos preguntarnos para qué nos preguntamos aquello si esto está tan claro. Eso sí, o no. En fin, algo sí es verdadero, y es que la la verdad no está ni en esto ni acá.

La respuesta en este enlace.

9 de mayo de 2010

Venganza ficticia


Venganza simbólica, originalmente cargada por Julikeishon -dibujos-.

(Basado en eventos actuales)*

I
Un imbécil habla por el teléfono móvil en un autobús de larga distancia. Tiene gripe y pregunta a la persona al otro lado de la línea por el mejor remedio para sus síntomas. Lo hace a viva voz, con tono pedante, mezclando toses con quejas acerca del servicio de autobuses.
El pasajero sentado delante del imbécil piensa: “El mejor remedio para usted es el cianuro.” El pasajero sentado detrás del imbécil piensa: “¿Es correcto decir ‘al otro lado de la línea’ para referirse a una conversación a través de un servicio de telefonía móvil?”

II
Una persona recibe el llamado de un imbécil que viaja en autobús, que tiene gripe y que se queja del servicio. El imbécil le pregunta cuál es el mejor remedio para los síntomas gripales, y la persona le responde que lo suyo no tiene cura. Después de una pausa y de unas carcajadas, aclara que a la gripe hay que aguantársela, que se pasa sola y que, todo lo más, emplee paracetamol, aspirinas, vitamina C y algo que ayude a aflojar la mucosidad. También le indica que puede emplear remedios caseros de probada eficacia. El imbécil tose al teléfono, vuelve a quejarse de lo lento e incómodo que es el autobús, y de lo mal que lo está pasando. La persona, entonces, le indica que añada a la receta una dosis de cianuro, que eso siempre cura todos los males. Y ríe de nuevo.

III
El de adelante se inclina hacia delante ajustando el mecanismo de su asiento reclinable y duda sobre la posibilidad de que ello contribuya a evitar el contagio de la gripe que escupe el imbécil con cada tos y cada palabra. El de atrás, por su parte, se inclina a creer que es correcto decir, en sentido figurado, “la persona al otro lado de la línea” incluso para referirse a conversaciones mantenidas a través de servicios de telefonía móvil. Mientras tanto, el tipo con gripe que habla por teléfono se inclina a pensar que preocuparse por cuestiones como aquellas es cosa de imbéciles. El de adelante y el de atrás abandonan entonces sus cavilaciones, reconociendo la incuestionable autoridad del griposo en materia de imbecilidad.

Epílogo
El autobús llega a destino y los pasajeros descienden. El chofer va a abandonar el coche pero descubre que todavía hay un pasajero en su asiento. Cuando se acerca a advertirle de que ya arribaron a la estación terminal, comprueba que el pasajero está muerto. Observa su mano y ve que tiene un frasco de cianuro, al que seguramente confundió con algún jarabe para la tos. “¡Qué imbécil!”, piensa el chofer mientras llama a urgencias. Pero no responde nadie. No hay línea.

5 de mayo de 2010

Origen de la International League Against Stupidity (ILAS)

(Fragmento)
    Todo comenzó con una pequeña célula en el Reino Unido, el Lothian-Fish Army, agrupación de escoceses nacionalistas afincados en Londres que conmutó sus objetivos a largo plazo (la liberación de Escocia) por metas más urgentes, a fin de salvar los escollos inevitables en el camino hacia la independencia del yugo imperialista inglés.
    Corría el año 1983 cuando Sean McCoist, líder del grupo, descubrió que la humanidad estaba llena de idiotas y que ello constituía el impedimento más importante para el desarrollo de sus ideas políticas. Una noche de borrachera, él y otros cuatro miembros del Lothian-Fish Army tuvieron un roce con un grupo de adolescentes identificados con la subcultura urbana dark. Según los testigos, los caledonios discutían con los atormentados párvulos acerca de quién tenía prioridad en el pub para pedir una jarra de cerveza. Los escoceses emplearon su acostumbrado, principal y casi único argumento: “Nosotros estábamos aquí desde antes de que llegaran ustedes”. Pero los simpatizantes de The Cure dijeron algo así como que los escoceses deberían dejar de lamentarse (“Los chicos no lloran”, habrían sido sus palabras textuales) y que se conformaran con ser los segundos en la fila.

27 de abril de 2010

Intercambio de palabras


–¿Qué hacías con ese tipo?
–Poca cosa. Intercambiábamos unas palabras.
–¿Ah, sí?
–Sí. Yo le di un seguramente y el me dejó un par de quizás.
–Veo que no llegaron a nada.
–Es que me reservo nada para una negociación especial.
–¿Qué tipo de negociación?
–Una especial, ya te lo dije. ¿Qué más querés saber?
–¿La verdad, por ejemplo?
–No. A la verdad no la cambiaría por nada.
–¿Entonces? ¿Qué vale tanto como nada?
–Supongo que habrá algo que lo valga.
–¿Todo?
–Tal vez, pero ¿quién daría todo por nada?
–Entiendo… Entonces, ¿cómo pensás en cambiar nada?
–Se me ocurrió que, en una situación asfixiante, alguien querría conmutar nada por ahogado.
–Eso sería aprovecharse. Y además, ¿para qué necesitás vos un ahogado?
–¿La verdad? Seguramente para nada.
–Al final, quizás todo sea para nada. O quizás no.

Ceci n'est pas Cecilia, originalmente cargada por Julikeishon -dibujos-.

22 de abril de 2010

¿De qué trata la historia?

(Para Illustration Friday, "Ahead")

–¿De qué trata la historia?
–Es la historia de una historia.
–Mmh… ¿Podrías aclarar un poco más?
–Es la historia de un tipo que le cuenta una historia a otro tipo.
–¿Y de qué trata la historia que el tipo le cuenta al otro tipo?
–De un tipo que le cuenta una historia a otro tipo.
–No, eso ya lo dijiste. Yo digo la historia que cuenta el tipo de tu historia al otro tipo…
–Eso mismo. Mi historia trata de un tipo que le cuenta una historia a otro tipo, en la que un tipo le cuenta una historia a otro tipo.
–Ah… ya veo. Es como una lata de Royal, que tiene dibujada una lata de Royal, que a su vez tiene dibujada una lata de Royal… Una regresión al infinito, que le dicen.
–Así es.
–Pero bueno, de todos modos tu historia tendrá un final. Digo yo.
–Sí y no. Digamos que no tiene un final convencional.
–¿Y eso?
–Se corta abruptamente.
–¿Podrías darme un ejemplo?